Hemos llegado a Franckfurt y nos hemos despedido de nuestras amigas del autobús. Es el momento de mirar la dirección del albergue que miré por internet y comenzar a buscarlo, porque esto es Alemania y a las siete y media ya se considera tarde. El albergue está en "Kaiserstrasse". Estamos ya en Kaiserstrasse, pero no nos damos cuenta y andamos bastante antes de ver una señal que lo pone, nos hemos pasado nuestro albergue. Volvemos para atrás y seguimos sin ver el albergue, tras un rato nos daremos cuenta de que la puerta es lo que parece un portal de hace lo menos cien años. Entramos y no hay nadie, tenemos que subir a la primera planta por unas escaleras empinadas, o eso nos parecen, aún no hemos estado en las del Bob's. No hay plazas en el albergue, pero nos recomiendan otro cercano, vamos a ello.
En Kaiserstrasse de nuevo, Taetor avisa: "Este barrio no es bueno". No entendemos nada, para el resto todo parece normal, esto es Alemania, la gente es civilizada y no hay peligro. A esas estamos cuando Cafeína mira por una puerta de un local que se acababa de abrir.
-¡Coño! ¡Una tía desnuda! -según Cafeína dice esto, una mujer aparentemente normal en la que no habíamos reparado, que caminaba detras de Cafeina, junto a Jacobo y yo, suelta una sonora carcajada, y no parece que se ría de algo que ha recordado de repente, o de las pintas de Jacobo...
-Oye, tú, que me da que aquí la gente entiende español... -dije a Cafeína.
-Lo siento, lo siento... -me respondió apurada la señora con acento peruano-. Es que estáis en el barrio rojo de Franckfurt, esto es bastante normal... -después de eso no recuerdo que me dijo en un buen rato, porque me tocó una mujer semidesnuda de vida alegre, y creo que permanecí mirándola con la boca abierta más de lo deseable.
Cuando volví a reparar en que la mujer aparentemente normal me seguía hablando, Jacobo y el Finlandés se estaban partiendo el pecho de mi. Preguntamos a la mujer que si sabía de algún lugar donde poder alojarnos y que fuera barato. En ese momento, hace acto de aparición otra chica, muy simpática ella, que nos indica un lugar donde está un hotal barato. Le agradecemos la ayuda pero nos vamos al comprobar como se dirige hacia nosotros el que parece ser el chulo de nuestra simpática amiga.
Desde ese momento, nos preguntamos como sólo Taetor había reparado antes en el tipo de barrio en el que nos encontrábamos. A eso de las ocho, estamos viendo un borracho que entre ese y ese no es capaz de acertar a meterse el cigarro en la boca, también observamos como a escasos metros de nosotros dos yonkis trapichean en medio de la calle con Dios sabe qué y como se pasean de un lado a otro algunas mujeres de muchos hombres... No tardamos mucho en encontrar el "hostal barato". Un amable italiano nos trata como si fuéramos familiares suyos del mismísimo pueblo de Corleone, y trata de conseguirnos alojamiento más barato de lo normal, por ser sus amigos dice. El caso es que nos ofrece una habitación con dos camas y el resto en el suelo por cincuenta kebaps de Berlín. Nos lo pensamos, pero el lugar y el barrio no dan mucha confianza. Sin embargo, ¿dónde vamos a dormir si no? Taetor y Jacobo votan por buscar otra cosa, a Cafeina, el Finlandés y a mi nos parece que lo mejor es coger el alojamiento, aunque sea cutre. Tuderrúm y Gafe no lo tienen claro. Finalmente, le decimos al hindú del mostrador que aceptamos lo que nos ofreció el italiano. Sin embargo, al hindú no le parece un trato justo y nos dice que nada de cien euros, que son ¡veinticinco por cabeza! Teniendo en cuenta que es más probable que seamos violados y robados por la noche a que obtengamos descuentos en los servicios del barrio, decidimos que lo mejor es buscar otro lugar donde dormir.
El número de yonkis, chuloputas, señoras de amplia experiencia sexual, borrachos y mendigos aumenta por momentos en las calles del barrio en el que estamos. Volvemos a la estación, pues no sabemos donde alojarnos, y las posibilidades se reducen a que en dicha estación tengan información o tendremos que dormir en la propia estación. Preguntamos por los trenes a Berlin el día siguiente, y por hostales o albergues. Una mujer que sabe hablar español nos recomienda un albergue de la Casa de la Juventud de Franckfurt. Llamamos y hay sitio, no hay más que hablar, cogemos un autobús que nos lleva hasta el albergue, y que está chulo porque indica el nombre de cada parada que realiza. Esperamos que la "House of Young" no sea peor que el putihostal de Kaiserstrasse...
La Polla, así es como describimos el albergue de la "House of Young". Son las diez de la noche cuando llegamos allí, y pronto descubrimos las habitaciones están chulísimas, hay chicas "majas", billar y futbolín gratis, y hasta una bandera de España en el despacho, que besaría si no fuera porque la pefiero con la franja de abajo en morado. Jacobo la ve y exclama, "¡chavales, Spain one Germany zero!". Tras cenar un poco de fuet de Tuderrúm y sandwich de Taetor bajamos a ver quien o qué hay por la calle. Ahí es cuando conocemos a unas finlandesas ebrias y nos planteamos dos objetivos: que Tuderrúm y Jacobo pillen cacho; y que Gafe sea infiel a su novia porque "en el extranjero no cuenta", aunque Gafe no parece nada convencido. Pero tenemos un problema: sólo hay un condón disponible, Taetor pide cinco euros por él, y tiene el riesgo de que le haya afectado el cambio de presión en el avión y esté en malas condiciones.
El caso es que conocemos a las ebrias finlandesas, que resultan tener nombres muy normales: Mary -alias "I am so drunk", adjudicada a Jacobo por sus grandes tetas y a pesar de sus enormes mofletes y caber en el equipaje de mano-, Elena -pelirroja no muy guapa que no tiene mal cuerpo, aunque no nos daremos cuenta de eso hasta el día siguiente-,y Ana Mari -morena con la que Tuderrúm intimará a pesar de presentarse a ella diciendo que tenía la friolera de "sixty years old" y no ser capaz de comunicar ni un "hola" en inglés. Eso sí, de "room" nada de nada-.
Son pasadas las once de la noche, y seguimos hablando con la gente que hay en la puerta del albergue, finlandesas y españoles varios. A Taetor y Gafe les ofrecen liarse con la de azul y la de amarillo, pero a pesar de que "en el extranjero no cuenta" tienen reparos en poner los tochos a sus novias y se rajan, no será la última vez que Taetor lo haga. Mientras tanto, ha fracasado el intento de grabar a Tuderrúm con la morena "in the room" haciendo sus cosas, a pesar de haberlo preparado a conciencia en dos ocasiones. La susodicha resulta ser más estrecha que una rendija de aire acondicionado y no quiere subir "to the room". Por su parte, Jacobo tiene problemas debido a la irrupción de Phillip -alemán al que Taetor pone en su sitio- con la rubia borracha, a que esta resulta querer "una relacion seria" -¿no se da cuenta de que viven a dos mil kilómetros de distancia?- y a que finalmente la rubia borracha resulta que prefiere al intérprete, el Finlandés. Más tarde, aparecen en acción "la tabla rasa más larga que un día sin pan" y "la de morado con parecido elevado a Elsa". Estas chicas son amigas de Mary y Anamari, y de profesión son cortarrollos. Su función consiste en estar al tanto de sus amigas y lograr que no hagan cosas de adultos con mis compañeros. Eso si, hay que reconocer que su trabajo lo hacen bastante bien.
Son las tres y media de la mañana cuando el día llega a su fin después de que Cafeina haya sido derrotado humillantemente por Traskis -osease, yo- en el ajedrez gigante.
En Kaiserstrasse de nuevo, Taetor avisa: "Este barrio no es bueno". No entendemos nada, para el resto todo parece normal, esto es Alemania, la gente es civilizada y no hay peligro. A esas estamos cuando Cafeína mira por una puerta de un local que se acababa de abrir.
-¡Coño! ¡Una tía desnuda! -según Cafeína dice esto, una mujer aparentemente normal en la que no habíamos reparado, que caminaba detras de Cafeina, junto a Jacobo y yo, suelta una sonora carcajada, y no parece que se ría de algo que ha recordado de repente, o de las pintas de Jacobo...
-Oye, tú, que me da que aquí la gente entiende español... -dije a Cafeína.
-Lo siento, lo siento... -me respondió apurada la señora con acento peruano-. Es que estáis en el barrio rojo de Franckfurt, esto es bastante normal... -después de eso no recuerdo que me dijo en un buen rato, porque me tocó una mujer semidesnuda de vida alegre, y creo que permanecí mirándola con la boca abierta más de lo deseable.
Cuando volví a reparar en que la mujer aparentemente normal me seguía hablando, Jacobo y el Finlandés se estaban partiendo el pecho de mi. Preguntamos a la mujer que si sabía de algún lugar donde poder alojarnos y que fuera barato. En ese momento, hace acto de aparición otra chica, muy simpática ella, que nos indica un lugar donde está un hotal barato. Le agradecemos la ayuda pero nos vamos al comprobar como se dirige hacia nosotros el que parece ser el chulo de nuestra simpática amiga.
Desde ese momento, nos preguntamos como sólo Taetor había reparado antes en el tipo de barrio en el que nos encontrábamos. A eso de las ocho, estamos viendo un borracho que entre ese y ese no es capaz de acertar a meterse el cigarro en la boca, también observamos como a escasos metros de nosotros dos yonkis trapichean en medio de la calle con Dios sabe qué y como se pasean de un lado a otro algunas mujeres de muchos hombres... No tardamos mucho en encontrar el "hostal barato". Un amable italiano nos trata como si fuéramos familiares suyos del mismísimo pueblo de Corleone, y trata de conseguirnos alojamiento más barato de lo normal, por ser sus amigos dice. El caso es que nos ofrece una habitación con dos camas y el resto en el suelo por cincuenta kebaps de Berlín. Nos lo pensamos, pero el lugar y el barrio no dan mucha confianza. Sin embargo, ¿dónde vamos a dormir si no? Taetor y Jacobo votan por buscar otra cosa, a Cafeina, el Finlandés y a mi nos parece que lo mejor es coger el alojamiento, aunque sea cutre. Tuderrúm y Gafe no lo tienen claro. Finalmente, le decimos al hindú del mostrador que aceptamos lo que nos ofreció el italiano. Sin embargo, al hindú no le parece un trato justo y nos dice que nada de cien euros, que son ¡veinticinco por cabeza! Teniendo en cuenta que es más probable que seamos violados y robados por la noche a que obtengamos descuentos en los servicios del barrio, decidimos que lo mejor es buscar otro lugar donde dormir.
El número de yonkis, chuloputas, señoras de amplia experiencia sexual, borrachos y mendigos aumenta por momentos en las calles del barrio en el que estamos. Volvemos a la estación, pues no sabemos donde alojarnos, y las posibilidades se reducen a que en dicha estación tengan información o tendremos que dormir en la propia estación. Preguntamos por los trenes a Berlin el día siguiente, y por hostales o albergues. Una mujer que sabe hablar español nos recomienda un albergue de la Casa de la Juventud de Franckfurt. Llamamos y hay sitio, no hay más que hablar, cogemos un autobús que nos lleva hasta el albergue, y que está chulo porque indica el nombre de cada parada que realiza. Esperamos que la "House of Young" no sea peor que el putihostal de Kaiserstrasse...
La Polla, así es como describimos el albergue de la "House of Young". Son las diez de la noche cuando llegamos allí, y pronto descubrimos las habitaciones están chulísimas, hay chicas "majas", billar y futbolín gratis, y hasta una bandera de España en el despacho, que besaría si no fuera porque la pefiero con la franja de abajo en morado. Jacobo la ve y exclama, "¡chavales, Spain one Germany zero!". Tras cenar un poco de fuet de Tuderrúm y sandwich de Taetor bajamos a ver quien o qué hay por la calle. Ahí es cuando conocemos a unas finlandesas ebrias y nos planteamos dos objetivos: que Tuderrúm y Jacobo pillen cacho; y que Gafe sea infiel a su novia porque "en el extranjero no cuenta", aunque Gafe no parece nada convencido. Pero tenemos un problema: sólo hay un condón disponible, Taetor pide cinco euros por él, y tiene el riesgo de que le haya afectado el cambio de presión en el avión y esté en malas condiciones.
El caso es que conocemos a las ebrias finlandesas, que resultan tener nombres muy normales: Mary -alias "I am so drunk", adjudicada a Jacobo por sus grandes tetas y a pesar de sus enormes mofletes y caber en el equipaje de mano-, Elena -pelirroja no muy guapa que no tiene mal cuerpo, aunque no nos daremos cuenta de eso hasta el día siguiente-,y Ana Mari -morena con la que Tuderrúm intimará a pesar de presentarse a ella diciendo que tenía la friolera de "sixty years old" y no ser capaz de comunicar ni un "hola" en inglés. Eso sí, de "room" nada de nada-.
Son pasadas las once de la noche, y seguimos hablando con la gente que hay en la puerta del albergue, finlandesas y españoles varios. A Taetor y Gafe les ofrecen liarse con la de azul y la de amarillo, pero a pesar de que "en el extranjero no cuenta" tienen reparos en poner los tochos a sus novias y se rajan, no será la última vez que Taetor lo haga. Mientras tanto, ha fracasado el intento de grabar a Tuderrúm con la morena "in the room" haciendo sus cosas, a pesar de haberlo preparado a conciencia en dos ocasiones. La susodicha resulta ser más estrecha que una rendija de aire acondicionado y no quiere subir "to the room". Por su parte, Jacobo tiene problemas debido a la irrupción de Phillip -alemán al que Taetor pone en su sitio- con la rubia borracha, a que esta resulta querer "una relacion seria" -¿no se da cuenta de que viven a dos mil kilómetros de distancia?- y a que finalmente la rubia borracha resulta que prefiere al intérprete, el Finlandés. Más tarde, aparecen en acción "la tabla rasa más larga que un día sin pan" y "la de morado con parecido elevado a Elsa". Estas chicas son amigas de Mary y Anamari, y de profesión son cortarrollos. Su función consiste en estar al tanto de sus amigas y lograr que no hagan cosas de adultos con mis compañeros. Eso si, hay que reconocer que su trabajo lo hacen bastante bien.
Son las tres y media de la mañana cuando el día llega a su fin después de que Cafeina haya sido derrotado humillantemente por Traskis -osease, yo- en el ajedrez gigante.
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