martes, 23 de diciembre de 2008

Día 1 (IV) - Dormir no es fácil en Franckfurt

Hemos llegado a Franckfurt y nos hemos despedido de nuestras amigas del autobús. Es el momento de mirar la dirección del albergue que miré por internet y comenzar a buscarlo, porque esto es Alemania y a las siete y media ya se considera tarde. El albergue está en "Kaiserstrasse". Estamos ya en Kaiserstrasse, pero no nos damos cuenta y andamos bastante antes de ver una señal que lo pone, nos hemos pasado nuestro albergue. Volvemos para atrás y seguimos sin ver el albergue, tras un rato nos daremos cuenta de que la puerta es lo que parece un portal de hace lo menos cien años. Entramos y no hay nadie, tenemos que subir a la primera planta por unas escaleras empinadas, o eso nos parecen, aún no hemos estado en las del Bob's. No hay plazas en el albergue, pero nos recomiendan otro cercano, vamos a ello.

En Kaiserstrasse de nuevo, Taetor avisa: "Este barrio no es bueno". No entendemos nada, para el resto todo parece normal, esto es Alemania, la gente es civilizada y no hay peligro. A esas estamos cuando Cafeína mira por una puerta de un local que se acababa de abrir.

-¡Coño! ¡Una tía desnuda! -según Cafeína dice esto, una mujer aparentemente normal en la que no habíamos reparado, que caminaba detras de Cafeina, junto a Jacobo y yo, suelta una sonora carcajada, y no parece que se ría de algo que ha recordado de repente, o de las pintas de Jacobo...
-Oye, tú, que me da que aquí la gente entiende español... -dije a Cafeína.
-Lo siento, lo siento... -me respondió apurada la señora con acento peruano-. Es que estáis en el barrio rojo de Franckfurt, esto es bastante normal... -después de eso no recuerdo que me dijo en un buen rato, porque me tocó una mujer semidesnuda de vida alegre, y creo que permanecí mirándola con la boca abierta más de lo deseable.

Cuando volví a reparar en que la mujer aparentemente normal me seguía hablando, Jacobo y el Finlandés se estaban partiendo el pecho de mi. Preguntamos a la mujer que si sabía de algún lugar donde poder alojarnos y que fuera barato. En ese momento, hace acto de aparición otra chica, muy simpática ella, que nos indica un lugar donde está un hotal barato. Le agradecemos la ayuda pero nos vamos al comprobar como se dirige hacia nosotros el que parece ser el chulo de nuestra simpática amiga.

Desde ese momento, nos preguntamos como sólo Taetor había reparado antes en el tipo de barrio en el que nos encontrábamos. A eso de las ocho, estamos viendo un borracho que entre ese y ese no es capaz de acertar a meterse el cigarro en la boca, también observamos como a escasos metros de nosotros dos yonkis trapichean en medio de la calle con Dios sabe qué y como se pasean de un lado a otro algunas mujeres de muchos hombres... No tardamos mucho en encontrar el "hostal barato". Un amable italiano nos trata como si fuéramos familiares suyos del mismísimo pueblo de Corleone, y trata de conseguirnos alojamiento más barato de lo normal, por ser sus amigos dice. El caso es que nos ofrece una habitación con dos camas y el resto en el suelo por cincuenta kebaps de Berlín. Nos lo pensamos, pero el lugar y el barrio no dan mucha confianza. Sin embargo, ¿dónde vamos a dormir si no? Taetor y Jacobo votan por buscar otra cosa, a Cafeina, el Finlandés y a mi nos parece que lo mejor es coger el alojamiento, aunque sea cutre. Tuderrúm y Gafe no lo tienen claro. Finalmente, le decimos al hindú del mostrador que aceptamos lo que nos ofreció el italiano. Sin embargo, al hindú no le parece un trato justo y nos dice que nada de cien euros, que son ¡veinticinco por cabeza! Teniendo en cuenta que es más probable que seamos violados y robados por la noche a que obtengamos descuentos en los servicios del barrio, decidimos que lo mejor es buscar otro lugar donde dormir.

El número de yonkis, chuloputas, señoras de amplia experiencia sexual, borrachos y mendigos aumenta por momentos en las calles del barrio en el que estamos. Volvemos a la estación, pues no sabemos donde alojarnos, y las posibilidades se reducen a que en dicha estación tengan información o tendremos que dormir en la propia estación. Preguntamos por los trenes a Berlin el día siguiente, y por hostales o albergues. Una mujer que sabe hablar español nos recomienda un albergue de la Casa de la Juventud de Franckfurt. Llamamos y hay sitio, no hay más que hablar, cogemos un autobús que nos lleva hasta el albergue, y que está chulo porque indica el nombre de cada parada que realiza. Esperamos que la "House of Young" no sea peor que el putihostal de Kaiserstrasse...

La Polla, así es como describimos el albergue de la "House of Young". Son las diez de la noche cuando llegamos allí, y pronto descubrimos las habitaciones están chulísimas, hay chicas "majas", billar y futbolín gratis, y hasta una bandera de España en el despacho, que besaría si no fuera porque la pefiero con la franja de abajo en morado. Jacobo la ve y exclama, "¡chavales, Spain one Germany zero!". Tras cenar un poco de fuet de Tuderrúm y sandwich de Taetor bajamos a ver quien o qué hay por la calle. Ahí es cuando conocemos a unas finlandesas ebrias y nos planteamos dos objetivos: que Tuderrúm y Jacobo pillen cacho; y que Gafe sea infiel a su novia porque "en el extranjero no cuenta", aunque Gafe no parece nada convencido. Pero tenemos un problema: sólo hay un condón disponible, Taetor pide cinco euros por él, y tiene el riesgo de que le haya afectado el cambio de presión en el avión y esté en malas condiciones.

El caso es que conocemos a las ebrias finlandesas, que resultan tener nombres muy normales: Mary -alias "I am so drunk", adjudicada a Jacobo por sus grandes tetas y a pesar de sus enormes mofletes y caber en el equipaje de mano-, Elena -pelirroja no muy guapa que no tiene mal cuerpo, aunque no nos daremos cuenta de eso hasta el día siguiente-,y Ana Mari -morena con la que Tuderrúm intimará a pesar de presentarse a ella diciendo que tenía la friolera de "sixty years old" y no ser capaz de comunicar ni un "hola" en inglés. Eso sí, de "room" nada de nada-.

Son pasadas las once de la noche, y seguimos hablando con la gente que hay en la puerta del albergue, finlandesas y españoles varios. A Taetor y Gafe les ofrecen liarse con la de azul y la de amarillo, pero a pesar de que "en el extranjero no cuenta" tienen reparos en poner los tochos a sus novias y se rajan, no será la última vez que Taetor lo haga. Mientras tanto, ha fracasado el intento de grabar a Tuderrúm con la morena "in the room" haciendo sus cosas, a pesar de haberlo preparado a conciencia en dos ocasiones. La susodicha resulta ser más estrecha que una rendija de aire acondicionado y no quiere subir "to the room". Por su parte, Jacobo tiene problemas debido a la irrupción de Phillip -alemán al que Taetor pone en su sitio- con la rubia borracha, a que esta resulta querer "una relacion seria" -¿no se da cuenta de que viven a dos mil kilómetros de distancia?- y a que finalmente la rubia borracha resulta que prefiere al intérprete, el Finlandés. Más tarde, aparecen en acción "la tabla rasa más larga que un día sin pan" y "la de morado con parecido elevado a Elsa". Estas chicas son amigas de Mary y Anamari, y de profesión son cortarrollos. Su función consiste en estar al tanto de sus amigas y lograr que no hagan cosas de adultos con mis compañeros. Eso si, hay que reconocer que su trabajo lo hacen bastante bien.

Son las tres y media de la mañana cuando el día llega a su fin después de que Cafeina haya sido derrotado humillantemente por Traskis -osease, yo- en el ajedrez gigante.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Día 1 (III) - Tratando de llegar a Franckfurt

No eran todavía las cuatro cuando salimos de la zona de embarque del aeropuerto de Hahn, estábamos oficialmente en suelo alemán. Todo era igual, pero escrito en un idioma que no conocíamos. ¿Qué hacer lo primero? Comprar un diccionario alemán-español. ¿Y después? Buscar como se dice "hijo de puta" y "España gana, Alemania pierde" en alemán.

Tras eso, nos dirigimos a un lugar en el que venden hamburguesas y esas cosas en el aeropuerto. Comunicarse con la dependienta es complicado, primero porque no tenemos muy claro qué pedir, si lo hacemos de uno en uno o todos a la vez... y segundo porque aún no le hemos pillado el truco al alemán, y la mujerona no se lo ha pillado a nuestro inglés de Fuenla. Todo eso trae consecuencias, nos cobran un menú de más, pero como la dependienta tiene una cara de mala ostia que ni Tyson cuando le mordió la oreja a Hollyfield, nos acojonamos y decidimos que nos tendremos que comer ese menú extra. A todo esto, mientras esperamos a que nos sirvan los menús, el hambre se hace mayor, así que Tuderrúm divisa unas patatas que alguien había dejado por allí en medio, y empieza a comérselas. Todos nos escandalizamos por ello, pero después comemos de esas patatas como putas de Kaiserstrasse.

Son ya las cinco menos veinte cuando, tras haber comido hasta el menú extra, encontramos el bus que nos llevará desde Hahn a Franckfurt. ¿Será gratis? Va a ser que no, cuesta la friolera de seis kebaps de Berlín por barba (o por falta ella, porque si dependiera de la barba el Finlandés saldría gratis). Pero la dependienta está buena. Pensamos en formas alternativas para llegar a Franckfurt sin gastarnos doce eurazos, pero las tetas de la dependienta se interponen y nos impiden pensar... A todo esto, el bus se va sin nosotros. Pero la dependienta está buena, tiene buenas tetas y además es rubia. Taetor anda nervioso ante ella, y trata de confirmar que el siguiente autobús sale a las "Fifty-forty-fifty". La rubia se descojona. Por cierto, está buena, Alemania mola.

Una hora después de que se nos fuera el autobús, nos montamos en otro que nos llevará también a Franckfurt. En este rato hemos estado tumbados con las esterillas en la calle junto a un restaurante, hemos cagado por primera vez en tierras germanas, vimos un grupo de gayers-maduros asomarse desnudos a una ventana de un hotel y saludarnos. Tuderrúm y yo tuvimos ocasión de ver un grupo de extraña mezcla de judíos-hobbits y elfos de Papá Noel con barba, y unos alemanes quedaron asustados al contemplar como el Finlandés metía su mano en el pantalón y procedía a arrascarse los huevos justo frente a la cristalera frente a la que comían.

En el autobús hace un calor de fliparlo, por seis kebaps de berlín ya podía tener aire acondicionado, pero no lo tiene. Tarda mucho, muchísimo en llegar, pero para Taetor y el Finlandés no es problema, se hacen un par de amiguitas que no sabemos por qué relacionan el albergue que yo había mirado por Internet en Franckfurt con puticlubs... Tras más de hora y media de viaje en bus, llegamos a Franckfurt, nuestras amigas de autobus se despiden haciéndose una foto y vemos que llega su madre-tanqueta a buscarlas. Da miedo y nos vamos. Hemos llegado a Franckfurt.

Día 1 (II) - Road to Germany

Son las doce y media pasadas, hemos tardado un poco pero ya estamos montados en el avión. No va a pedales, a pesar de los escasos diez euros que nos costó el billete parece que el boeing dispone de un par de motores y todo...

Los asientos no están numerados, asi que nos toca sentarnos por separado. Junto a mi va Taetor, el resto no andan muy lejos, lo justo para poder hacernos fotos cuando nos durmamos. Al poco de permanecer esperando el despegue nos damos cuenta de tres cosas: como hemos pagado poco el avión no tiene tele; las azafatas son feas, no como las de las pelis, pero es lo que tiene coger un avión barato, a las guapas se las llevaría Iberia; y por último, nuestra vecina de delante parece la mujer del cuervo, tiene una nariz que la azafata la ha advertido que no apunte con ella a las ventanas que se rompen...

Son ya la una menos diez, el vuelo tiene que salir. Pero empiezan a preguntar por un tal Alberto Nosequé. Pronto se propaga el rumor de que llevaba droga en la maleta, luego que era terrorista checheno, y finalmente que era un terrorista checheno con droga en la maleta... El caso es que el delincuente se esconde bien, porque ni pidiéndonos el billete a cada uno son capaces de dar con él. Un rato después, cuando parece que la búsqueda ha concluido, el piloto dice algo por la megafonía en inglés. No entendemos nada de lo que ha dicho, pero debe de ser mazo de chungo porque el de delante se echa las manos a la cabeza y parece verlo más negro que los pies de la finlandesa de rojo.

Por fin, a eso de la una y veinticinco y con más de media hora de retraso, varias maniobras y ruidos nada tranquilizadores, nuestra aeronave despega. Me como un bocadillo de tortilla de esos que venden en el avión y me echo a dormir. Taetor sigue mi ejemplo. Al aterrizar comprobaremos que hemos sido fotografiados y que durmiendo no somos nada atractivos.

Llegamos a eso de las cuatro menos veinticinco al aeropuerto de Hahn a secas, porque Franckfurt queda a tomar por culo de allí. El Finlandés parece emocionado por haber llegado a Alemania, entre sus comentarios destaca el "¡Ya hemos llegado! ¿Y ahora qué?". Jacobo, por su parte, está en su salsa, según se cruza con uno que parece alemán le saluda con el típico "Spain one, Germany zero", haciendo alusión a la Eurocopa ganada por España el fin de semana anterior. En esas estamos cuando vamos a recoger nuestras mochilas, que deberían haber viajado en nuestro mismo avión, y deberían salir por la cinta transportadora dentro de poco. No salen nuestras maletas, ninguna. Estamos impacientes hasta que sale alguna, pero aún faltan varias. Se rumorea que las han retenido porque Gafe sigue con nosotros y Cafeína ha escrito en la suya que es terrorista pakistaní y lleva una bomba. Finalmente salen las mochilas, Gafe no lo es tanto, ¿será que sólo es gafe en España? El plástico de su mochila no hay forma de quitarlo, asi que se despejan nuestras dudas, sigue siendo Gafe.

Día 1 (I) - En Barajas

Me llamo Traskis. Probablemente eso no te importe una mierda, y entonces deberás preguntarte qué cojones haces leyendo esto. Si aún después de preguntártelo sigues decidido a leerlo, te advierto que aquí no encontrarás historias de amor, suspense, miedo o aventuras, se trata simplemente del absurdo diario del viaje que llevé a cabo junto a seis compañeros en el verano del dos mil ocho.

Todo comenzó a pocos minutos de mi casa, cuando pocos minutos después de las nueve de la mañana del dos de Julio monté en el coche del padre de Tuderrúm, junto a este y Jacobo. Habíamos quedado con los demás, a eso de las diez, en el metro del aeropuerto para irnos de interrail por Alemania, Holanda y Bélgica. No se muy bien cuando se me ocurrió esa majadería, sólo se que se me ocurrió a mi, que debí arrepentirme a tiempo y que aún doy gracias por no haberlo hecho.

Eran las diez y no estábamos en el metro, sino que decidimos ir directamente a facturación junto a Taetor, que ya esperaba allí. Pocos minutos después recibí la llamada del Finlandés para preguntar donde estábamos, venía con Gafe y Cafeina, por lo que ya estábamos todos, no había marcha atrás. Sabíamos ya donde teníamos que facturar, pero aún había que esperar a hacerlo, así que temerosos de que se perdiera en el viaje alguna de las esterillas o sacos que colgaban de nuestras mochilas, vamos a buscar a uno de esos que te recubren completamente la mochila de plástico para que no se rompa ni se pierda nada. Preguntamos el precio. Cinco euros. Es caro pero lo pagamos, aún no apreciamos cuanto se puede comer por ese precio...

Mientras hacemos cola para "emplasticar" las mochilas, recuerdo que le tengo que dar su documentación a Cafeina. Es en ese momento cuando Gafe descubre que no lleva sus papeles. ¿Quién coño piensa en irse al extranjero sin documentación? Es como salir a la calle sin zapatillas, y al igual que Pies Sucios nos enseñaría que hay gente para todo en ese aspecto, Gafe nos mostró que con él cerca nunca puedes estar seguro de que algo saldrá bien. El caso es que llamó a su casa con la esperanza de que sus padres le trajeran a tiempo lo que había olvidado, pero la respuesta de su padre fue clara: "Vuelve para casa y ya está, no te vayas". La cara de Gafe era un poema, y aún empeoraba conforme llegan a sus oidos nuestras bromas, risas y soluciones milagrosas del asunto, como tratar de viajar con una fotocopia de la documentación de Cafeina. Sin embargo, haciendo caso del refrán ese que dice "el que la sigue la consigue", nuestro sin papeles decide rellamar a sus padres y convencerles para que le lleven la documentación. Finalmente lo consigue, así que una vez solucionado el problema, emplasticamos las mochilas y vamos a facturar.

Eran ya las once y cuarto cuando Gafe miraba su reloj a ver si quedaba demasiado para que su padre llegara. Un rato después, Gafe volvía a ojear su reloj. Eran ya las once y diecisiete. No tardaría mucho en volver a ver la hora y comprobar que sólo habían pasado treinta segundos desde la última vez, así que decide entretenerse con algo para amenizar la espera, comienza a morderse las uñas. Eran ya las doce menos cinco y faltaban solamente veinte minutos para la hora límite de embarque cuando terminó de comérselas. Vuelve a llamar a su padre, que según sus propias palabras estaba ya "cerca". Es el tipo de respuestas indefinidas que no tranquilizan en esos instantes, y a Gafe ya no le quedaban uñas que morderse. Por suerte, tan sólo diez minutos después de la llamada estábamos junto a su abuelo, quien le dió todos los papeles, era hora de ir rápido a facturar. El primer problema del gafe estaba solucionado, aunque no tardaremos en comprobar que no sería el último. Y es que antes de embarcar se rompió una mochila. De Gafe, por supuesto. Tampoco sería el último.