lunes, 22 de diciembre de 2008

Día 1 (III) - Tratando de llegar a Franckfurt

No eran todavía las cuatro cuando salimos de la zona de embarque del aeropuerto de Hahn, estábamos oficialmente en suelo alemán. Todo era igual, pero escrito en un idioma que no conocíamos. ¿Qué hacer lo primero? Comprar un diccionario alemán-español. ¿Y después? Buscar como se dice "hijo de puta" y "España gana, Alemania pierde" en alemán.

Tras eso, nos dirigimos a un lugar en el que venden hamburguesas y esas cosas en el aeropuerto. Comunicarse con la dependienta es complicado, primero porque no tenemos muy claro qué pedir, si lo hacemos de uno en uno o todos a la vez... y segundo porque aún no le hemos pillado el truco al alemán, y la mujerona no se lo ha pillado a nuestro inglés de Fuenla. Todo eso trae consecuencias, nos cobran un menú de más, pero como la dependienta tiene una cara de mala ostia que ni Tyson cuando le mordió la oreja a Hollyfield, nos acojonamos y decidimos que nos tendremos que comer ese menú extra. A todo esto, mientras esperamos a que nos sirvan los menús, el hambre se hace mayor, así que Tuderrúm divisa unas patatas que alguien había dejado por allí en medio, y empieza a comérselas. Todos nos escandalizamos por ello, pero después comemos de esas patatas como putas de Kaiserstrasse.

Son ya las cinco menos veinte cuando, tras haber comido hasta el menú extra, encontramos el bus que nos llevará desde Hahn a Franckfurt. ¿Será gratis? Va a ser que no, cuesta la friolera de seis kebaps de Berlín por barba (o por falta ella, porque si dependiera de la barba el Finlandés saldría gratis). Pero la dependienta está buena. Pensamos en formas alternativas para llegar a Franckfurt sin gastarnos doce eurazos, pero las tetas de la dependienta se interponen y nos impiden pensar... A todo esto, el bus se va sin nosotros. Pero la dependienta está buena, tiene buenas tetas y además es rubia. Taetor anda nervioso ante ella, y trata de confirmar que el siguiente autobús sale a las "Fifty-forty-fifty". La rubia se descojona. Por cierto, está buena, Alemania mola.

Una hora después de que se nos fuera el autobús, nos montamos en otro que nos llevará también a Franckfurt. En este rato hemos estado tumbados con las esterillas en la calle junto a un restaurante, hemos cagado por primera vez en tierras germanas, vimos un grupo de gayers-maduros asomarse desnudos a una ventana de un hotel y saludarnos. Tuderrúm y yo tuvimos ocasión de ver un grupo de extraña mezcla de judíos-hobbits y elfos de Papá Noel con barba, y unos alemanes quedaron asustados al contemplar como el Finlandés metía su mano en el pantalón y procedía a arrascarse los huevos justo frente a la cristalera frente a la que comían.

En el autobús hace un calor de fliparlo, por seis kebaps de berlín ya podía tener aire acondicionado, pero no lo tiene. Tarda mucho, muchísimo en llegar, pero para Taetor y el Finlandés no es problema, se hacen un par de amiguitas que no sabemos por qué relacionan el albergue que yo había mirado por Internet en Franckfurt con puticlubs... Tras más de hora y media de viaje en bus, llegamos a Franckfurt, nuestras amigas de autobus se despiden haciéndose una foto y vemos que llega su madre-tanqueta a buscarlas. Da miedo y nos vamos. Hemos llegado a Franckfurt.

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