Son las doce y media pasadas, hemos tardado un poco pero ya estamos montados en el avión. No va a pedales, a pesar de los escasos diez euros que nos costó el billete parece que el boeing dispone de un par de motores y todo...
Los asientos no están numerados, asi que nos toca sentarnos por separado. Junto a mi va Taetor, el resto no andan muy lejos, lo justo para poder hacernos fotos cuando nos durmamos. Al poco de permanecer esperando el despegue nos damos cuenta de tres cosas: como hemos pagado poco el avión no tiene tele; las azafatas son feas, no como las de las pelis, pero es lo que tiene coger un avión barato, a las guapas se las llevaría Iberia; y por último, nuestra vecina de delante parece la mujer del cuervo, tiene una nariz que la azafata la ha advertido que no apunte con ella a las ventanas que se rompen...
Son ya la una menos diez, el vuelo tiene que salir. Pero empiezan a preguntar por un tal Alberto Nosequé. Pronto se propaga el rumor de que llevaba droga en la maleta, luego que era terrorista checheno, y finalmente que era un terrorista checheno con droga en la maleta... El caso es que el delincuente se esconde bien, porque ni pidiéndonos el billete a cada uno son capaces de dar con él. Un rato después, cuando parece que la búsqueda ha concluido, el piloto dice algo por la megafonía en inglés. No entendemos nada de lo que ha dicho, pero debe de ser mazo de chungo porque el de delante se echa las manos a la cabeza y parece verlo más negro que los pies de la finlandesa de rojo.
Por fin, a eso de la una y veinticinco y con más de media hora de retraso, varias maniobras y ruidos nada tranquilizadores, nuestra aeronave despega. Me como un bocadillo de tortilla de esos que venden en el avión y me echo a dormir. Taetor sigue mi ejemplo. Al aterrizar comprobaremos que hemos sido fotografiados y que durmiendo no somos nada atractivos.
Llegamos a eso de las cuatro menos veinticinco al aeropuerto de Hahn a secas, porque Franckfurt queda a tomar por culo de allí. El Finlandés parece emocionado por haber llegado a Alemania, entre sus comentarios destaca el "¡Ya hemos llegado! ¿Y ahora qué?". Jacobo, por su parte, está en su salsa, según se cruza con uno que parece alemán le saluda con el típico "Spain one, Germany zero", haciendo alusión a la Eurocopa ganada por España el fin de semana anterior. En esas estamos cuando vamos a recoger nuestras mochilas, que deberían haber viajado en nuestro mismo avión, y deberían salir por la cinta transportadora dentro de poco. No salen nuestras maletas, ninguna. Estamos impacientes hasta que sale alguna, pero aún faltan varias. Se rumorea que las han retenido porque Gafe sigue con nosotros y Cafeína ha escrito en la suya que es terrorista pakistaní y lleva una bomba. Finalmente salen las mochilas, Gafe no lo es tanto, ¿será que sólo es gafe en España? El plástico de su mochila no hay forma de quitarlo, asi que se despejan nuestras dudas, sigue siendo Gafe.
Los asientos no están numerados, asi que nos toca sentarnos por separado. Junto a mi va Taetor, el resto no andan muy lejos, lo justo para poder hacernos fotos cuando nos durmamos. Al poco de permanecer esperando el despegue nos damos cuenta de tres cosas: como hemos pagado poco el avión no tiene tele; las azafatas son feas, no como las de las pelis, pero es lo que tiene coger un avión barato, a las guapas se las llevaría Iberia; y por último, nuestra vecina de delante parece la mujer del cuervo, tiene una nariz que la azafata la ha advertido que no apunte con ella a las ventanas que se rompen...
Son ya la una menos diez, el vuelo tiene que salir. Pero empiezan a preguntar por un tal Alberto Nosequé. Pronto se propaga el rumor de que llevaba droga en la maleta, luego que era terrorista checheno, y finalmente que era un terrorista checheno con droga en la maleta... El caso es que el delincuente se esconde bien, porque ni pidiéndonos el billete a cada uno son capaces de dar con él. Un rato después, cuando parece que la búsqueda ha concluido, el piloto dice algo por la megafonía en inglés. No entendemos nada de lo que ha dicho, pero debe de ser mazo de chungo porque el de delante se echa las manos a la cabeza y parece verlo más negro que los pies de la finlandesa de rojo.
Por fin, a eso de la una y veinticinco y con más de media hora de retraso, varias maniobras y ruidos nada tranquilizadores, nuestra aeronave despega. Me como un bocadillo de tortilla de esos que venden en el avión y me echo a dormir. Taetor sigue mi ejemplo. Al aterrizar comprobaremos que hemos sido fotografiados y que durmiendo no somos nada atractivos.
Llegamos a eso de las cuatro menos veinticinco al aeropuerto de Hahn a secas, porque Franckfurt queda a tomar por culo de allí. El Finlandés parece emocionado por haber llegado a Alemania, entre sus comentarios destaca el "¡Ya hemos llegado! ¿Y ahora qué?". Jacobo, por su parte, está en su salsa, según se cruza con uno que parece alemán le saluda con el típico "Spain one, Germany zero", haciendo alusión a la Eurocopa ganada por España el fin de semana anterior. En esas estamos cuando vamos a recoger nuestras mochilas, que deberían haber viajado en nuestro mismo avión, y deberían salir por la cinta transportadora dentro de poco. No salen nuestras maletas, ninguna. Estamos impacientes hasta que sale alguna, pero aún faltan varias. Se rumorea que las han retenido porque Gafe sigue con nosotros y Cafeína ha escrito en la suya que es terrorista pakistaní y lleva una bomba. Finalmente salen las mochilas, Gafe no lo es tanto, ¿será que sólo es gafe en España? El plástico de su mochila no hay forma de quitarlo, asi que se despejan nuestras dudas, sigue siendo Gafe.
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